Coincidiendo con los días de júbilo por la
aprobación de la Ley de Lenguas en Paraguay, me tocó hacer una función de cuentos para
niños y niñas en CasAmérica de Madrid. El título del espectáculo era justamente en guaraní: ¡Cháke Mbói!
El día anterior había estado
en la boda de un amigo paraguayo, que durante la fiesta me demostró su alegría
y a la vez su nostalgia en el idioma autóctono que compartimos, más aún siendo
yo lo más parecido o cercano a un familiar con el que contaba en ese momento (y
eso que no somos ni vecinos).
Me alojé en el piso de un ex
compañero de teatro al que no veía hace unos 8 años y además de compartir mate para
amainar el frío madrileño, nos sumergimos en recuerdos y en largas
conversaciones en jopara
(esa mezcla
de castellano, guaraní y vaya uno a saber qué más) con algunas
especificidades que solamente tiene el guaraní, sobre todo cuando recordamos
picardías o nos adentramos en el mundo de los afectos.
El día de la función tuve que
ir corriendo a buscar mi maleta de cuentos y anduve por varias horas y trayectos
en metro, esa culebra subterránea que surca las entrañas de Madrid. En los
cuatro días de la gira madrileña viajé metido durante mucho tiempo bajo la gran
ciudad. Y allí, en las profundidades de la capital española pude notar el
mosaico de culturas, de sonidos, canciones y pasiones en multicolor. Entre ese mbaipy multicultural
mi oído pudo destacar nítidamente el sonido preciso, la cadencia y la
intensidad del guaraní en boca de algunos de los miles de paraguayos y
paraguayas que viven en esa gran ciudad. En cada estación, en cada vagón en el
que subía y del que bajaba se producía un ñomongueta ameno,
a veces criticón, otros en el que se deslizaban las penurias de vivir lejos de
la tierra propia (aunque no tuvieran ni un metro de tierra en Paraguay).
Hugo, que llegó de Fernando de
la Mora a España a trabajar “de lo que sea”, me contó que al principio no sabía
cómo reaccionar ante un mundo tan diferente al suyo, se relacionaba con la
gente solo mirando, estudiando la situación. “Hasta que me di cuenta que podía relacionarme con la gente de acá de
igual a igual, y a base de conversar, de chocar, fui entiendo la dinámica de
las cosas de acá”, me cuenta entre mate y mate. También dice que escucha
música paraguaya (tiene disco de los Corales, Ñamandú, Vocal Dos…) habla
constantemente en guaraní con su pareja que también es paraguaya, e
integra un grupo de danza folklórica.
Así como Hugo, como Zulma o
Nadia, que asistieron a la función de cuentos, en un solo fin de semana pude
sentir, palpar y sobre todo escuchar historias, vivencias contadas en guaraní o
en jopara y recordé que alguna vez alguien me dijo: “fuera de nuestras fronteras, el guaraní no
sirve para nada”. Y casualidades de la vida, fue una de las
personas con las que me encontré por acá hace poco, y cuando nos vimos por
primera vez, me recibió gritando:
_ ¡Ha upéi che kape!
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*Conversación, cháchara.
Texto publicado en la sección CRÓNICAS MIGRANTES en www.apeparaguay.org, en febrero de 2011.
Zulma y Lucía, paraguaya y madrileña, compartiendo cháchara en el metro madrileño (Foto del autor).

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